
Imperante en el firmamento, hija de Júpiter, amante de la tierra, perdona mi sufrimiento y condena mi alma a tu reflejo, Atavía mis lágrimas con tu resplandor y déjame, mínimo por una noche contemplar tu hermosura.
Con gracia y de beldad impregnada, opacas mi sombra con un rayo de luz eterno, el cual siempre se refleja en mi llanto.
Por más veces que intente el negar que tú me guiabas, a través de las penumbras y me mostraba el camino a casa, nunca desististe o menguaste tu postura.
Aun con el corazón despedazado y devorado por lobos y cuervos, tenia la esperanza de escuchar el impio y ensordecedor calor de tu voz.
Tu figura excelsa en el centellante azul-grisáceo lacia para mi vista, mas aun estando ciego y sordo podía escuchar tu llamado lamentero, el cual arrebataba mi alma y la transportaba a tu lado, solo para tomarte y abrasar tu hermosa esencia y observar la ceración y nacimiento de nuevos astros, planetas, y galaxias enteras.
Solo pido una sola cosa, poder siempre contemplarte, así como eres en este momento, imponente ante todo, inmutable ante los efectos de una pútrida vida corpórea, dame tu sangre pues la mía te pertenece.
LEVIATHAN

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